PROPÓSITO

Toda persona es única, incomparable e irrepetible.

Hay más de 7 mil millones de seres humanos caminando en esta tierra, y no existen dos iguales, en ningún sentido.

Si esto es así, es razonable pensar que el propósito de vida de cada quién es ser fiel a sí mismo. Ser “eso que se es” y no tiene parangón alguno en el universo. El valor está en lo auténtico, no en la copia o la réplica.

Ahora bien, ¿qué sucede si eso “que se es” es justamente lo que no agrada o se encuentra mal? En la respuesta a esto hay que ser enfático: todas las personas SON en esencia la mejor versión de sí mismos. No se trata de conquistar terreno desconocido, más bien de recuperar una posesión de origen.

Dicen que Rafael “vio” su David desde un inicio en el pedazo de piedra que le entregaron. Luego todo su trabajo consistió en sacar y limpiar todo aquello que no correspondía con la imagen que veía. Así consumo su obra maestra.

Todas las personas, únicas, incomparables e irrepetibles son un “perfecto David” desde el principio. Y la tarea consiste en limpiar impurezas y apartar lo que no corresponde. No se trata de “alcanzar” nada, el modelo está ahí desde siempre, solo hay que limpiar, pulir, cincelar, apartar.
Permitir que ingrese luz para que disipe las tinieblas.

El propósito de vida de todo ser humano es en consecuencia y en primer lugar, ser la mejor versión de sí mismo. Eso lo hace autentico y le otorga un valor que NADIE más podrá alcanzar en esta tierra.

“…Hay que seguir el propio camino, sin los impedimentos que típicamente interponen la conformidad o el miedo…”

INTELIGENCIA

*

Un doctor, un abogado, un joven y un monje tomaron un vuelo un domingo en la tarde en un avión privado.
De forma repentina, el aeroplano tuvo problemas en el motor.
Aun así con los mayores esfuerzos del capitán, la aeronave empezó a descender. Al final, gritó a los pasajeros que mejor saltaran y él mismo saltó.

Desgraciadamente, solo quedaban tres paracaídas.

El doctor tomó uno y empezó a gritar: “Soy médico, mi misión es salvar vidas, así que tengo que vivir” y saltó.
El licenciado también gritó, “Soy abogado, somos la gente más lista e inteligente en el mundo, debo vivir”, tomó otro paracaídas y brincó.

El monje veía al pequeño joven y amablemente dijo:
Valiente muchacho, he vivido toda una longeva y tranquila vida”…

Eres todo un joven, tienes todo un futuro por vivir, por favor agarra el último paracaídas que queda y vive en paz con tus seres queridos.
El joven le regresó el paracaídas al monje y le mencionó:
“No importa más padre….
El hombre más inteligente, acaba de saltar con mi mochila”.

“…Tu trabajo no te define, pero ser buena persona si lo hace…”

SANANDO

Ayer, una pequeña herida se abrió en su corazón..
Y sangró.

Recordó lo que había guardado en el baúl más oculto.. oculto hasta de ella…
Dejó salir resentimientos viejos, oxidados…
Dejó salir dolores antiguos, inconclusos, abandonados.
Dijo lo que entonces..no pudo decir..no sabía decir…

Sintió como su pecho explotaba otra vez con la intensidad de lo que no pudo gritar cuando fué su momento.
Lloró lo que no pudo llorar..
Tembló y tembló…del miedo que no pudo dejarlo sentir antes.

Un ángel humano le acompañó..
Escuchó, no la dejó un instante..
Mientras atravesaba este duro paso en su proceso de sanación.

No siempre sanar son luces y colores mágicos.
A veces es tan simple y humano como atravesar ese dolor de nuevo..
esta vez consciente.. esta vez sosteniéndote en los brazos del amor.

“…Sanar es también darte la oportunidad de procesar aquel dolor que nunca la tuvo…”

QUERERSE

Es difícil ¿sabes?
Tratar de superar algo que consideras malo, terrible, vergonzoso..
Algo contra de lo que piensas que debes luchar..
Que es tu enemigo.

Sea un hábito poco saludable..
Una emoción que aún no sabes manejar..
Una situación de la que aún no has aprendido a salir..

Atacarte no lo hará mejor..
Sentirte menos..no lo hará mejor..
Humillarte no lo hará desaparecer..

Lo puedes intentar de esta forma por años..
Y lo único que cultivarás es odio hacia ti mismo y una baja autoestima.

Es más fácil..
Cuando lo vas aceptando..
Si..somos humanos..
Si..tenemos aspectos dentro de nosotros que trabajar..
Si..estamos aprendiendo..
Si..en el camino probablemente nos equivocamos..

Pero..
Si..también queremos mejorar.. Y podemos hacerlo..
Si..nos ayudamos.. Si..nos apoyamos.. Si..nos damos aliento.
Si..estamos allí para levantarnos y no para hundirnos.

“…Podemos ser la mano que ayude a levantarnos o a hundirnos..apóyate..lo mereces…”

Mujeres

Existen otro tipo de mujeres que no
leen poesía, las que no compran libros,
las que toman café de olla en lugar de capuchinos en Starbucks, las que no saben quien es Bukowsky, ni tampoco Monica Gaee o Sabines, pero se saben el camino a las escuelas, universidades, cineteca, bibliotecas o museos, por que ahí llevan a sus hijos, nietos o hermanos.

Son ese tipo de mujeres que trabajan fuera y dentro de casa 20 horas y aún les sobra tiempo para soñar.

Otras más laboran en fondas, oficinas, fábricas o talleres,
lavando, limpiando, ordenando, etc.;
y no usan bolsas Michael Kors, usan bolsas de plástico, morrales o mochilas.

Son aquellas que no usan Internet, sino 30 pesos de recarga para estar al pendiente de sus familias, de sus hijos.
Las de mala ortografía, las de fiestas patronales en lugar de centros comerciales o cenas de gala.

Existen mujeres “sin doctorados” pero más sabias e inteligentes; con sentido común, nobles, ecuánimes, mujeres de buen sazón.

Existen las que no son abogadas
arquitectas o doctoras…
Verdaderas damas con vestidos de manta y huaraches.

Las que no se maquillan, ni necesitan prendas costosas o zapatillas para sentirse mujer.
Las menos agraciadas por los estereotipos de moda y belleza racial.

Mujeres valientes, mujeres de una sola pieza, que no se rompen, que no se agrietan, que no se quiebran. Mujeres fuertes.

Son aquellas que ves vendiendo frutas en mercados o debajo de los puentes, en parques, kioskos y avenidas, las que no saben aún de tecnología ni hablan inglés.

Pero saben dar los buenos días, buenas tardes, dicen con permiso, gracias y por favor, siempre con una sonrisa.

Son felices ayudando al prójimo, mujeres con las que platicas 10 minutos y te cambian la percepción de la vida.

Mujeres como la Madre Tierra,
Fértiles, Calladas, Sabias, Protectoras Fuertes.
Las que se enferman y no se quejan, ni mucho menos lo publican en redes sociales. Mujeres de buena madera.

En cada mujer de estas
habita el amor, la comprensión, la sabiduría, la fortaleza y el respeto de un linaje que se niega a morir.

Mujeres de Hierro… No de cristal.

–Autor Dharius Vidal–

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